domenica 3 dicembre 2006

El caído (inconcluso) Nº 1


...atravesé el alambrado y seguí el camino macheteado por pisadas. A lo lejos las construcciones blancas de hormigón resplandecían y los tinglados daban la sombra a la madera podrida, a las frutas insectadas, mis pasos iban hacia allá. Estaba en la mitad del verde bajo la loma, montañas de nubes poblaban el horizonte quietas como la luz del sol, y llegué al primer cordón. Pisé el gris arenoso y luego el asfalto, la pintura plateada encandilante y otra vez la acera que llegaba al primer tinglado. Fue allí al pie del depósito donde tuve el primer encuentro con lo que sería del día. El ser rayaba su último segundo constantemente. Su ingle se encontraba explotada y ya quieta como un hongo detenido en el tiempo. Esbozaba un movimiento mortuorio con sus únicos huesos que aún funcionaban. Sus ojos y su boca, al abrirse para facilitar el poco aire que podía entrar, dejaban estelas de baba que envenenaban el aire, el poco aire. El ser pugnaba por morir como el mejor nacer que diera el mundo.
-Maten a ese perro-, es lo que la voz interior repetía sordamente...


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